Lo que una organización necesita poder escuchar

Las dudas y las dificultades forman parte de la información que una organización necesita para decidir. La respuesta que reciben influye en que vuelvan a plantearse.

Una reunión termina y todos parecen estar de acuerdo. Se distribuyeron responsabilidades y hay una fecha para avanzar. Sin embargo, alguien se va pensando que el plazo será difícil de cumplir. Otra persona sabe que necesita una respuesta de un área que todavía no fue consultada. Alguien más entendió la propuesta, pero tiene dudas sobre cómo llevarla a la práctica.

Nada de eso llegó a formar parte del acuerdo.

Días después, esas dificultades aparecen como demoras, tareas duplicadas o compromisos incumplidos. Al revisar lo ocurrido, puede resultar tentador concluir que faltó compromiso o que alguien no comunicó a tiempo. Antes de cerrar esa explicación, conviene reconstruir qué se sabía, qué se pudo plantear y qué respuesta recibió lo que efectivamente se dijo.

Precisar responsables y plazos ayuda a organizar el trabajo. También hace falta conocer las condiciones en las que cada responsabilidad deberá asumirse: qué otras tareas están en curso, qué recursos se necesitan y qué depende de decisiones ajenas.

Un «sí» al final de una reunión puede expresar cosas distintas. Puede significar que se entendió la propuesta, que se comparte su orientación o que se está en condiciones de llevarla adelante. A veces esas diferencias quedan sin aclarar y cada persona se retira con una versión distinta de lo acordado.

Hay dificultades que todavía no pueden formularse con claridad. Otras se omiten porque se supone que ya son conocidas, porque no se identifica a quién plantearlas o porque se teme quedar ubicado como quien complica las cosas.

Comprender estas diferencias permite precisar dónde intervenir: en la definición de una tarea, en la coordinación entre áreas o en las condiciones de una conversación.

En una organización, las personas van construyendo una experiencia sobre lo que ocurre cuando hablan.

Si advertir un problema suele recibirse como una excusa, si una duda se interpreta rápidamente como falta de capacidad o si las objeciones se escuchan pero nunca reciben respuesta, puede volverse más difícil poner en común información relevante.

Por eso, una invitación a hablar necesita sostenerse en las respuestas cotidianas. Importa qué sucede cuando alguien cuestiona una fecha, señala una contradicción o reconoce que necesita ayuda. También importa si esa intervención tiene algún efecto en la manera de organizar el trabajo.

La ausencia de desacuerdos visibles ofrece información limitada sobre la solidez de un acuerdo. Para quien conduce, puede ser útil revisar qué asuntos llegan a las reuniones, cuáles aparecen solamente en conversaciones informales y cuáles se conocen cuando ya hay un problema.

Cuando alguien dice «con estos tiempos no llego», hay una situación que necesita examinarse. Puede haber una estimación insuficiente del trabajo, prioridades superpuestas, una dependencia que no se tuvo en cuenta o una dificultad para realizar la tarea.

Cada posibilidad requiere una respuesta diferente. Escuchar supone tomarse el tiempo para distinguirlas.

No todas las solicitudes podrán aceptarse. Habrá restricciones y decisiones que deban sostenerse. En esos casos, importa explicar el criterio, reconocer la dificultad y precisar cómo se va a trabajar con ella.

Si una fecha debe mantenerse, corresponde revisar qué se prioriza, con qué apoyos se cuenta y qué otras tareas pueden esperar. Si hay una dificultad de desempeño, será necesario abordarla con claridad. Si una decisión depende de otra área, habrá que definir quién gestionará esa conversación.

La responsabilidad de quien coordina incluye dar una respuesta y hacer explícitas las responsabilidades de cada parte.

Una conversación puede ser valiosa y aun así dejar intacta la dificultad que la originó. Para que tenga consecuencias en el trabajo, necesita algún destino: una decisión, una revisión, un seguimiento o una explicación de lo que por ahora no puede cambiar.

Cuando un asunto queda pendiente, ayuda precisar quién lo retomará y en qué momento habrá una respuesta. Si cambian las condiciones, también será necesario revisar lo acordado.

Esa continuidad permite que el equipo conozca qué se hizo con la información que aportó. A lo largo del tiempo, contribuye a construir confianza en que plantear una dificultad puede servir para trabajar sobre ella.

  • ¿Qué dificultades aparecen recién cuando ya hay una demora o un conflicto?
  • ¿Cómo respondemos cuando alguien cuestiona un plazo, una prioridad o una forma de trabajar?
  • ¿Qué decisiones hemos revisado a partir de lo que planteó el equipo?
  • ¿Qué conversaciones siguen abiertas porque todavía no dimos una respuesta?

En Compass acompañamos a equipos y liderazgos a trabajar sobre dificultades de coordinación, conversaciones pendientes y acuerdos que necesitan revisarse.


Esta reflexión fue publicada originalmente en Sextante 031, el boletín de Compass Consultores sobre liderazgo, cultura del cuidado y desarrollo organizacional.


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