Durante los últimos meses fuimos ordenando con más claridad desde dónde queremos trabajar en Compass. No se trata de hacer más, ni de acelerar procesos, sino de acompañar con presencia, criterio y tiempo a organizaciones que atraviesan momentos complejos, de cambio o redefinición.
Hay años que no se cierran con balances ni con listas de logros. Se cierran con una comprensión más fina de cómo estamos trabajando, desde dónde estamos decidiendo y qué precio humano estamos pagando por sostener el ritmo. Este año volvió a mostrarnos algo que ya sabíamos, pero que cuesta practicar: no todo se ordena haciendo más. Algunas cosas —las más importantes— se ordenan cuando bajamos la presión y recuperamos dirección.
Cómo la inteligencia artificial nos invita a redefinir la consultoría.
La inteligencia artificial está transformando el mundo de la consultoría. Las grandes firmas —esas que durante años vendieron conocimiento empaquetado y análisis intensivo— viven hoy su propio “momento Kodak”.
La expresión alude a la empresa Kodak, que pese a haber inventado la cámara digital, no supo adaptarse al cambio tecnológico que transformó su propia industria. Simboliza el riesgo de seguir avanzando sin ver que el terreno ya cambió.
Hoy las máquinas piensan más rápido, procesan más datos y responden en segundos lo que antes llevaba semanas. Pero no todo se automatiza. La IA puede generar conocimiento, pero no puede generar conciencia. Y es allí donde se juega el verdadero futuro de la consultoría.
La consultoría que viene no será la que entregue más reportes, sino la que acompañe procesos de transformación más verdaderos. El desafío ya no es producir información, sino cultivar comprensión. Pasar de ser proveedores de conocimiento a ser arquitectos de transformación y sentido.
En Compass lo vivimos así: no como una amenaza, sino como una oportunidad de volver al origen. De dejar que la tecnología libere a las personas del exceso de análisis y nos devuelva al lugar donde empieza todo cambio real: la presencia.
“La consultoría del futuro no será la que piense por vos, sino la que te ayude a escucharte mejor.”
La IA está haciendo visible algo que habíamos olvidado: que el valor diferencial nunca estuvo en los datos, sino en la conciencia que los interpreta. Y en ese sentido, el porvenir de la consultoría no será tecnológico, sino profundamente humano.
La tecnología puede ampliar nuestras capacidades, pero solo la conciencia puede ampliar nuestro sentido.
La transformación no es un trayecto recto, sino un recorrido con curvas y aprendizajes. En los últimos años se multiplicaron las promesas de transformación rápida: talleres de un día que “cambian la cultura”, metodologías que aseguran resultados inmediatos, recetas que prometen resolver problemas complejos con soluciones estándar.
Cuando hablamos de resiliencia solemos imaginarla como una capacidad personal: la fuerza interior que nos permite resistir, recomponernos y seguir adelante frente a las dificultades. Sin embargo, en las organizaciones esta mirada se queda corta. Ningún equipo atraviesa por grandes desafíos confiando únicamente en la resiliencia individual de sus integrantes. La verdadera resiliencia en contextos colectivos surge de los vínculos, del sentido compartido y de la capacidad de aprender juntos.