Hay una frecuencia que sostiene los vínculos, los equipos y las organizaciones: la del cuidado. No se impone ni se enseña. Se sintoniza. En Compass decimos que cada equipo tiene su propio pulso. Hay momentos en que acelera, se agita, se descoordina. Y hay otros en los que encuentra ritmo: cuando las personas se escuchan, cuando la tarea respira, cuando la confianza vuelve a circular.
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