En tiempos de estabilidad, liderar puede parecer una cuestión de planificación, control y eficiencia. Pero cuando el entorno se vuelve incierto, volátil o directamente caótico, las viejas recetas ya no alcanzan. En esos momentos, liderar no es tener todas las respuestas: es sostener el rumbo, incluso cuando el camino no está claro.
La incertidumbre no es nueva, pero en los últimos años dejó de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje. Crisis sanitarias, disrupciones tecnológicas, cambios sociales y exigencias contradictorias nos empujan a tomar decisiones con menos certezas y más consecuencias.
El liderazgo organizacional está cambiando. No por capricho ni por moda, sino porque el contexto lo exige. Las reglas del juego se volvieron más complejas: mayor incertidumbre, vínculos más frágiles, nuevas generaciones con otras expectativas, tecnologías que avanzan más rápido que la cultura. Y todo esto ocurre mientras seguimos intentando que los equipos funcionen, aprendan, produzcan, se alineen y no se quiebren en el intento.
Los entornos en que vivimos y en que operan las organizaciones ya no está necesitando, como antes, personas al mando de equipos que sean omnipotentes, omniscientes y exclusivamente fundamentales para obtener resultados y mejorar el desempeño. Los contextos en que hoy actúan las organizaciones están demandando un nuevo modelo de liderazgo, un modelo parecido al de un jardinero, que cultiva, cuida y desarrolla. El jardín no requiere de su presencia constante, sino que se vuelve robusto, resistente y radiante gracias al entorno que éste crea.
A continuación te compartimos un documento con seis sugerencias, seis acciones, para que comiences, sin prisa y sin pausa, a liderar como un jardinero.