Hay una frecuencia que sostiene los vínculos, los equipos y las organizaciones: la del cuidado. No se impone ni se enseña. Se sintoniza. En Compass decimos que cada equipo tiene su propio pulso. Hay momentos en que acelera, se agita, se descoordina. Y hay otros en los que encuentra ritmo: cuando las personas se escuchan, cuando la tarea respira, cuando la confianza vuelve a circular.
Por eso Sextante abre esta nueva etapa como nuestra brújula editorial: para acompañar procesos de cambio desde otra frecuencia, la de quienes buscan cuidar y sostener sin agotarse en el intento.
Hace unos días escribí a los inscriptos de la charla “Cuidar al que cuida”, que realizaremos este jueves 16 de octubre. Les contaba que no será una clase tradicional, sino un espacio para conversar y resonar en torno a tres ejes muy presentes en los equipos: cuidar sin perderse, sostener sin sobrecargarse y acompañar sin apagarse.
Esa frase —“cuidar al que cuida”— tiene más profundidad de la que parece. Porque cuidar no es solo un acto hacia afuera, es también una práctica interna. Es aprender a calibrar la energía, a escuchar el cuerpo, a reconocer cuándo el ritmo se vuelve esfuerzo y cuándo vuelve a fluir.
En los últimos días me conmovió también la reglamentación de la Ley de Cuidados Paliativos en Uruguay. Sentí una forma de justicia silenciosa: el cuidado deja de ser un gesto voluntario y se convierte en derecho. Como si algo del campo colectivo se ordenara.
Ahí comprendí que la cultura del cuidado —en los equipos, en la sociedad, en nosotros mismos— no se construye por decreto. Se construye cuando muchas conciencias comienzan a vibrar en la misma frecuencia: la del respeto, la empatía, la presencia.
Cuidar también es sintonizar: con uno mismo, con los otros y con el sistema que habitamos. No es frenar el movimiento, es aprender a escuchar su ritmo.

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