Cuando todo cambia, liderar es sostener el sentido

La incertidumbre no es nueva, pero en los últimos años dejó de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje. Crisis sanitarias, disrupciones tecnológicas, cambios sociales y exigencias contradictorias nos empujan a tomar decisiones con menos certezas y más consecuencias.

En este escenario, el liderazgo se vuelve esencial, pero no en el sentido tradicional. Ya no alcanza con tener respuestas ni con sostener el timón con firmeza. Lo que hace la diferencia es otra cosa: crear las condiciones para que los equipos puedan pensar, sentir, adaptarse y actuar con propósito.

¿Qué hacen los líderes que sostienen a sus equipos en contextos difíciles?

Desde nuestra experiencia —acompañando a organizaciones en sectores críticos como la salud, la educación y la atención a personas mayores— identificamos algunos patrones comunes:

  • Generan seguridad psicológica. No se trata solo de “buen clima”: se trata de crear entornos donde sea posible decir la verdad sin miedo, aprender del error y disentir sin castigo.
  • Distribuyen poder sin perder dirección. Coordinar sin controlar, facilitar sin frenar. Saber cuándo intervenir y cuándo dar un paso al costado.
  • Sostienen el propósito. Las tareas pueden cambiar. El sentido, no. Las personas necesitan saber que su esfuerzo está alineado con algo que importa.
  • Piensan en tres tiempos. Lo urgente no borra lo importante. Las decisiones de hoy deben cuidar también la salud del sistema a mediano y largo plazo.
  • Cuidan la cultura. Porque cuando el contexto se desorganiza, lo único que queda es cómo estamos organizados por dentro.

Liderar no es resistir. Es aprender a navegar.

La imagen del héroe solitario que guía con mano firme puede ser tentadora, pero está lejos de ser eficaz. Las investigaciones más recientes muestran que los equipos que atraviesan mejor las crisis son los que aprenden juntos, no los que esperan soluciones de arriba.

Liderar para el bien, aún cuando todo va mal, implica sostener la brújula sin aferrarse al mapa. Escuchar más, decidir mejor y construir confianza como principal activo organizacional.

Crédito de la imagen destacada: foto de Joachim Schnürle en Unsplash


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